martes, 23 de septiembre de 2014

Mágico tesoro

Nuestra actividad cerebral  funciona de dos maneras paralelas, una es consciente u objetiva y la otra subconsciente o subjetiva.
Estamos dotados de cinco sentidos y, a través de ellos absorbemos toda la información que necesitamos y mucha que no necesitamos, continuamente estamos almacenando datos a los que no prestamos la menor atención, podemos caminar, trabajar, degustar, ver escuchar pero no podemos detener nuestro crecimiento, ni podemos parar nuestra circulación.

 El Jardín de Las Hespérides
Si pensamos en estos dos sistemas, el uno actuando según las necesidades del momento y el otro, lento pero constante y silencioso, no podemos dejar de maravillarnos por el segundo del cual dependen todos los procesos esenciales de la vida y que parece estar bajo la dirección de un poder grandioso realizando  tareas tan complejas, que no se si algún ordenador podría llevar a cabo.

Una de sus funciones más espectaculares es la memoria. La memoria ha sido causa de infinidad de estudios, desde los científicos y filósofos griegos hasta nuestros días y según parece no hay nada dicho todavía. ¿Dónde se sitúa la memoria? – la cuestión es que a menudo, el método científico choca de frente con la obligación de admitir otras creencias y es ahí cuando la ciencia coarta la creatividad.


Es el conocimiento y la capacidad de coordinar estos dos centros el gran secreto.
 Poseyéndolo, podríamos conseguir la cooperación consciente del finito e infinito. De esta manera nuestras vidas estarían aseguradas y no a merced de cualquier contingencia.
 La  Creación (Adán y Eva) 
Nuestra forma de pensar es nuestra forma de interactuar con nuestro universo, lo difícil será encontrar la forma de impresionar nuestro subconsciente, porque él no entiende de palabras ni de imágenes, solo entiende de sensaciones, de emociones. Si deseas abundancia, busca como decírselo, si quieres poder, tendrás que encontrar como hacerle llegar el mensaje de la misma manera que si quieres salud o amor.



 En nuestro afán por dejar testimonio de nuestro paso por este mundo, hemos vestido todos los conceptos de palabras, pero ocurre que eso es bueno para que lo lean los que vienen detrás pero no nos conecta con el alma, tal vez Sócrates dejara alguna pista, o incluso Emanuel Swedenborg en su teoría de las representaciones, pero el “ quid “ del problema siempre será el llegar a comunicar con el infinito.

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