Los celtas la llamaban Ynisvitrin, o Inis Gutrin, Isla de Cristal. También es la Isla Radiante y la Entrada a el Otro Mundo. Se dice que Avalon viene de la vieja palabra bretona aval, manzana, y es por lo tanto la Isla de las Manzanas. Somos los que hacen la música
Y los que sueñan los sueños,
Vagando por solitarios acantilados,
Sentados junto a desolados arroyos;
Perdedores del mundo y del mundo desertores
Sobre quienes brilla la pálida luna;
Aún así parece que siempre seremos
los motores, los agitadores del mundo.
A. O’Shaughnessy (1844-81)
Un bardo es "el que sabe". La historia vive en su memoria. Lo que fue, lo que ha sido, se resuelve siempre en el presente en que se canta y atisba, pre-ve el futuro.
Avalon es entonces el reino de la transmutación por excelencia. Donde los mundos se unen y confunden y solo los más avezados en los misterios pueden cruzar sin tantos contratiempos. El mundo real, con su nueva guerra y sus fundamentalismos, está separado del Otro mundo -el mundo de la vida después de la vida, el mundo de las hadas, la verdadera aldea global, el sagradísimo mundo del misterio de la Diosa donde el tiempo está fuera del tiempo y el espacio contiene todos los espacios- por una cortina de niebla que se ha densificado al pasar el tiempo y crecer la incredulidad.
Avalon, trasmundo, es la Isla de las Manzanas.
Es mujer, es serpiente, es manzana. Tres elementos claramente ligados a la vieja religión en que la Diosa abrazaba la Tierra, incluyente siempre. ¿No son acaso manzanas los codiciados frutos que crecen en el Jardín de las Hespérides? La manzana guarda en su centro una estrella de cinco picos. Pentáculo y pentagrama contenedor de la magia, del humano poder. La manzana es el conocimiento de lo que ha sido desde la creación y de la creación misma.
La Isla de Avalon, isla de las manzanas, es reducto del poder de la Diosa y de sus fieles. Reino del poder mágico que se oculta para no ser tocado por las huestes imparables del progreso, llámese cristianismo o ciencia.
La leyenda dice que José de Arimatea llega en el año 63 a Glastonbury a plantar su báculo, que enraizó para hacer crecer un árbol nativo del Medio Oriente –la Espina de Glastonbury, que aún florea cada año por navida- y a llevar el Grial –o Cáliz Sagrado, lo que convierte a este sitio en la cuna de la cristiandad británica . Cáliz y espina en lugar de cruz y espada sobre el círculo sagrado.
Glastonbury aparece persisten-temente en las leyendas artúricas: ahí, en Avalon, fue forjada Excalibur.
Las deidades acuáticas fueron muy populares en el mundo celta, ya que controlan la esencia misma de la vida. El movimiento espontáneo de manantiales, ríos y lagos mostraban claramente los poderes de las diosas que vivían en ellos, y la ofrenda de armas y valores era obligada. De hecho la práctica continúa todavía en los pozos sagrados y la Dama del Lago es llamada Dama Suerte. Junto con Morgan Le Fey, o Hada Morgana, cuyo nombre en bretón indica una ninfa acuática, conjuga aspectos de la misma Diosa.
Avalon..... el reino oculto tras las nieblas del desconocimiento.
Quien se acerca a esta tierra sin abrirse a las posibilidades de ser, solo ve la Abadía de Glastonbury y escucha sus campanas. Solo serán monjes las figuras que recorren los senderos y será el tiempo presente con sus murmullos de guerra y desconcierto. Nunca verá el lago y mucho menos la barca mágica que podría llevarlo a las orillas de la isla. El suave sonido de las hadas pasará desapercibido y el círculo de piedras no reflejará la luz de luna. Al acercarse al Manantial sagrado verá solo agua, nunca las visiones de Morgana. Y por supuesto nunca escuchará a la Dama del Lago, la gran Sacerdotisa, conjurar a la Diosa. Avalon es un mundo que pervive y vibra en una dimensión distinta, sobrepuesta a la tercera dimensión en que Glastonbury es una sólida colina. Las nieblas que la cubren solo pueden ser dispersadas por un corazón tocado por el amor de la Tierra y de la Madre. Por una mente dispuesta a percibir las múltiples posibilidades del Misterio. Por unos ojos abiertos por el poder de la imaginación

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